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José Manuel PEDROSA

Universidad de Alcalá

De Juan Lorenzo a Juan Lanas : Juanes y cuernos trágicos, cómicos y folclóricos


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« De Juan Lorenzo a Juan Lanas : Juanes y cuernos trágicos, cómicos y folclóricos » [1]

Decir que los cuernos fueron ingredientes prácticamente tópicos en el teatro español de los Siglos de Oro, tanto en el trágico como en el cómico, y por supuesto en el tragicómico, no es hacer ningún gran descubrimiento. A nadie se le escapa que los cuernos, con sus aderezos de sospechas, celos, trampas, enredos, sobresaltos, ambigüedades, confirmaciones y refutaciones son capaces de dar sabores más que sustanciosos a cualquier caldo de ficción. Con cuernos memorables anduvieron coronados los esposos celebérrimos de Helena, Clitemnestra, Isolda, Emma Bovary, Ana Karenina o Ana Ozores, si miramos hacia el lado trágico ; y los varones protagonistas de no pocos alegres cuentos de Boccaccio, Juan Ruiz y Chaucer, o de innumerables comedias del Hollywood dorado, si nos atenemos a la orilla cómica. El siglo del cuerno, que es el título de una reflexión agudísima de Quevedo que defendía que no solo España era solar de cuernos bien podría haberse titulado El milenio del cuerno, o mejor, La era del cuerno, dejando la fecha previsoramente abierta. Todo ello no quita que en el teatro español de los Siglos de Oro los cuernos fuesen, efectivamente, abundantes, notorios y de todos los sabores : desde el más amargo hasta el más picante.

Tantos cuernos como habrán salido a relucir por nuestros escenarios y nuestras letras áureas, instalados algunos en los oscuros dramas personales de tantos maridos coronados, otros en las risas pícaras de tantas esposas desenvueltas, y todos en las retinas impresionadas o divertidas de sus receptores, no pueden caber, ni mucho menos, en un artículo que ha de ser forzosamente muy breve. No hay, seguro, ninguna especie de cuernos que se merezca menos que una enciclopedia descriptiva e interpretativa, según avanzaron José Luis Alonso Hernández y Javier Huerta Calvo en un libro muy abultado pero no exhaustivo ─acaso precursor─, Historia de mil y un Juanes (onomástica, literatura y folklore) [2], que se halla articulado como profuso onomastikón de cientos y cientos de Juanes que desde casi sus primeros documentos y registros han poblado la literatura ─la teatral y la no teatral─ y el folclore de todo el mundo hispánico, dotados de significados y simbolismos de lo más variado. Aunque, hay que dejarlo bien claro desde el principio, una muy apreciable proporción de esos textos y contextos identifica al Juan de turno con los atributos del necio, inocente, manso y no pocas veces cornudo.

Algunos de tales apellidos juanescos son perfectamente explícitos, y un buen puñado alude casi sin tapujos a la corona marital : Juan Alma de Cántaro, Juan Bobo, Juan Boñiga, Juan Bragazas, Juan Cornudella, Juan Holgazán, Juan Tarugo… Otros son algo menos trasparentes, lo que no libra al Juan correspondiente de su obligada dosis de estupidez, aderezada por algún que otro cuerno : Juan Blanco, Juan del Alto, Juan de Espíritus… Apellidos hay también, dentro del juanesco elenco que repasan las páginas del libro de Alonso Hernández y Huerta Calvo, que adornan al personaje del fanfarrón cargante, como don Juan Bolondrón ; otros al acosador desordenado de féminas, como Juan de las Mozas ; y alguno al trickster o tramposo astuto e ingenioso, como Juan de Uclés. No se nos puede escapar, por supuesto, la variante tragicómica por excelencia, la del don Juan o don Juan Tenorio no cornudo sino encornudador, que se cree muy listo, que peca a fin de cuentas de necio imprevisor y que pasa dramáticamente, en itinerario tragicómico perfecto, de la risa jactanciosa al grito de espanto.

Por cierto, que muchos de estos Juanes conflictivamente relacionados ─por activa o por pasiva─ con los cuernos son Juanes de tragedia teatral ─como el mismo don Juan─, pero muchos otros son Juanes de entremés o de baile dramático, y algunos de pura tragicomedia, como los que aparecían mencionados en el auto IV de La Celestina : « Quatro hombres que he topado, a los tres llaman Juanes y los dos son cornudos [3] ».

Resulta notable que el nombre de Juan haya sido etiqueta polivalente, aunque muchas veces asociada al sexo desequilibrado (o bien excesivo o bien insuficiente), de un modo homologable al que el nombre de Pedro ha jugado también en nuestras tradiciones literarias y folclóricas, desde aquel Pero Gonçales mansísimo del Cancionero musical de Palacio,

Pero Gonçales,
tornóse vuestra huerta
cuernos alvares [4]

hasta aquel otro Fray Pedro o Pai Pero poderosamente fálico de los romances :

Estábase Pai Pero sentadito al sol,
con las manos puestas y afuera el cordón ;
miróle las damas desde el corredor :
─¿Qué es eso, Pai Pero ? ¿Qué es eso, señor ?
¿Qué es eso que asoma por el pantalón ?
─Eso son las balas de la munición ;
ésa es la escopeta con que cargo yo… [5] !

Muchos más Pedros, Peros, Peres, Pericos, Periquillos, Peropandos, Pero Palos, bobos de Perales, etc. etc. etc. han medrado en nuestra literatura y en nuestro folclore fuertemente connotados (en positivo o en negativo) en el plano sexual, según han demostrado no pocos estudiosos [6]. Aunque, si hubiéramos de esbozar una estadística estricta, el saldo que nos saldría sería que Juan se ha asociado más o los varones estúpidos, impotentes y cornudos, y Pedro a los insolentemente dotados y prolíficos. Con permiso de los Juanes listos y potentes y de los Pedros tontos e impotentes, que también los ha habido. Cabe decir, en fin, que los Juanes específicamente cornudos (o exageradamente sexuados, por exceso o por defecto) han sufrido no solo la competencia de todo un batallón de Pedros que se han hecho tan proverbiales como los Juanes, sino también de unos cuantos Marcos a los que las tradiciones literarias y folclóricas hispánicas han señalado siempre como cornudos insignes :

Si te casas, llevarás
de San Marcos la bandera :
los cuernos como los toros,
pero son de otra manera [7].

El día que yo me casé,
dando vueltas por el cuarto,
en un rincón encontré
la bandera de San Marcos [8].

El recientemente desaparecido José María Alín dedicó un artículo magistral, al que puso el título de « Bajo la bandera de San Marcos », a analizar las canciones de cuernos que forman un repertorio frondosísimo dentro del repertorio tradicional hispánico [9]. Cierto es que prestó atención específica a los versos que señalaban hacia el antropónimo Marcos (cuya relación con los cuernos venía a través del evangelista San Marcos, cuyo símbolo era un toro), pero tampoco se le olvidó incluir algunos mansos Juanes dentro de su repertorio. El caso es que las canciones de cuernos que reunió y estudió Alín van a ser acicate para las canciones de cuernos que vamos a sumar nosotros a ese escogido ramillete, aunque en este artículo lo vamos a ceñir de manera estricta a la órbita de los Juanes. No sin hacer antes algunas reflexiones más acerca de la poética y del significado de estos versos de Juanes y de cuernos de tan acusada personalidad que nos esperan.

Rasgo que destaca al poco de hojear el profuso catálogo de Juanes de Alonso Hernández y Huerta Calvo es que su foco irradiador y su caldo de cultivo esencial es, sin duda, el folclore, por más que muchos de tales Juanes (lo mismo podría decirse de muchísimos Pedros) hayan dado también el salto al papel y la letra. Dicho de otro modo : si dispusiésemos de algún modo eficaz de pescar Juanes y anécdotas de Juanes en el mar proceloso de la voz oral, y no solo en la plana estrecha del registro escrito, que es en la que han operado obligatoriamente los dos coleccionistas de Juanes tantas veces citados, el muestrario que podríamos reunir sería incomparablemente mayor y más denso que el que quedó indexado en la Historia de mil y un Juanes. Pese a la significativa limitación que deriva del hecho de que la documentación escrita sea siempre una sombra muy pálida de la oral, y pese a que no siempre queda a nuestro alcance, por ello, desentrañar adecuadamente el poso folclórico que opera debajo de la grafía escrita, la literatura en papel (la de los Siglos de Oro y la de los demás siglos) nos provee de un arsenal de Juanes trágicos, cómicos y en ocasiones tragicómicos que difícilmente podremos agotar, por lo que la limitación acaba al final siendo solo relativa.

Comencemos por un Juan cornudo muy singular, insuperablemente tragicómico : el Juan Lorenzo del que primero conoceremos un romance que circularía por Portugal y por España en los siglos áureos y del que enseguida obtendremos alguna noticia más, muy resumida en el comentario que sigue al romance por Diego Catalán :

─¡Hermosa me era yo, hermosa, más que rosa en el rosal,
más que la luna y el sol y la flor del limonar ;
pensando de ser casada, pasé las aguas del mar !
─Estando yo a la mi puerta con la mi mujer real,
tañía yo la vihuela, mi mujer, al son, cantar
y los mis hijicos chicos iban, al son, a bailar
alcé mis ojos a lejos, cuanto más los pude alzar
y vi venir un navío sobre aguas de la mar.
Las tablas de aquel navío eran de rico nogal,
las cuerdas de aquel navío eran de oro torzal ;
con él vi muchas galeras navegando por la mar.
Mi corazón me dijera : « ¡Es el Rey de Portugal ! ».
Eché mi capa en el hombro y lo fuera a saludar.
Yo le hablé buena palabra ; él me respondía con mal.
─¿Los vuestros hijos qué hacen con vuestra mujer leal ?
─Mis hijos, vuestros esclavos, mi mujer otro que tal.
Venid en buen hora, rey, yo os haré convidar.
─¿Y para toda esta gente qué les daréis de almorzar ?
─Para vos y mí, el buen rey, pichoncicos en agraz ;
para toda vuestra gente vacas y corderos hay,
vino tinto, vino claro, lo mejor de Portugal.
Mientras que ordenan las mesas, ¡a la huerta a solazar !
La mujer de Juan Lorenzo salió sola a pasear.
Escogió el rey una rosa, la mejor en el rosal :
─Tomad, señora, esta rosa, esta rosa del rosal,
que entre todas las hermosas no he visto su parigual,
y de aquí a quince días seréis reina en Portugal.
Tu marido Juan Lorenzo, yo le mandaré matar.
─No matéis a Juan Lorenzo, ni os entre en voluntad
es padre de los mis hijos, mi primer amor carnal ;
desterradlos de estas tierras, que en ellas no coman pan.
─Juan Lorenzo, Juan Lorenzo, ¿quién te hizo tanto mal ?,
¿dónde está tu gentileza, la que en ti solía andar ?
─Perdila, señor, perdila, perdila por el mi mal :
¡quien tiene mujer hermosa, se la sepa bien gozar,
ay de mí, Juan Lorenzo, con mi mano la fui a dar !
─Andad vos, el mi marido, con la vida escaparás ;
en traje de carbonero me vendrás a visitar.
Solo los sefardíes han conservado memoria del romance hasta el siglo XX, tanto en Oriente, como en Marruecos. De las comunidades orientales, conozco versiones de Sarajevo (las mejores, del siglo XIX), Salónica, Lárissa, Esmirna y Rodas ; de Occidente, de Tánger, Tetuán, Larache, Alcazarquivir y Ceuta. En Sarajevo y en Monastir, ha prestado motivos a otros romances. Es frecuente, en una y otra rama de la tradición, el intento de « moralizar » la historia introduciendo un desenlace en que la hermosa revela su fidelidad al marido asesinando al rey.
La mujer de João Lourenço da Cunha, doña Leonor Telles (madre de la reina de Castilla doña Beatriz, por razón de la cual Juan I trató de proclamarse rey de Portugal, siendo deshecho en Aljubarrota), fue hija del amante de la reina doña María (la despreciada mujer portuguesa de Alfonso XI), a quien el hijo de ésta, el rey don Pedro de Castilla dio muerte ante su propia madre ; por su ambición y su espléndida belleza, Leonor Telles fue llamada « Flor de Altura ». Habiendo venido, desde sus posesiones, a la Corte portuguesa a visitar a su hermana, María Telles (a cuya trágica muerte contribuiría andado el tiempo), el rey don Fernando, que por entonces andaba envuelto en amores con su hermanastra (hija de doña Inés de Castro), se encaprichó con ella. João Lourenço, que ya tenía descendencia en su mujer, no facilitó la anulación de su matrimonio, como pretendía el rey, y tuvo que huir a Castilla. Coronada doña Leonor por reina de Portugal, su marido, exiliado en Castilla, traía por divisa unos cuernos dorados [10].

No será fácil encontrar, en todo el imaginario peninsular, una figura comparable en densidad tragicómica a la de este Juan Lorenzo, marido y amante desdichadísimo que, con ironía casi masoquista, pasó por la historia y por la literatura, o quizá por la frontera ambigua que a veces queda entre las dos, exhibiendo en estuche dorado su deshonra. No es, sin embargo, éste el espacio en el que nos ocuparemos de él por extenso, ya que estamos obligados a sumar más Juanes cornudos a nuestro tragicómico elenco, con el fin de que pueda ser entendida en un marco más amplio la biografía de este a medias desdichado y a medias risible antropónimo y del sujeto que se le asocia.

Unos cuantos ejemplos valdrán más que mil descripciones. Helos aquí :

Todos los Juanes son tontos ;
los meten en un costal ;
se los suben a la torre,
y los echan a volar [11].

Todos los Juanes son tontos,
y el que no es tonto es chalado ;
yo tuve un novio Juan
y por tonto lo he dejado [12].

Todos los Juanes son tontos,
lo digo porque lo sé,
porque tuve un novio Juan
y por tonto lo dejé [13].

Todos los Juanes son tontos,
y el que no es tonto es chalao ;
yo tenía un novio Juan
y por eso lo he dejao [14].

Todos los Juanes son tontos,
lo digo porque lo sé,
y si alguno me está oyendo
también lo digo por él [15].

Todos los Juanes son tontos,
y el que no es tonto, es chalao,
yo tenía un novio Juan
y por tonto, lo he espachao [16].

Todos los Juanes son tontos
y el que no es tonto es chalao,
yo tenía un novio Juan
y por tonto lo he espachao.

Todos los Juanes son tontos
y los demás pecadores ;
mi novio se llama Juan,
tontos serán mis amores [17].

Mi marío es un Juan-Juan,
de tós los ofisios sabe,
menos de fregar tinajas,
que con los cuernos no cabe [18].

Mi marido es un buen Juan,
todos los oficios sabe,
menos el fregar tinajas,
que con los cuernos no cabe [19].

Mi marido es un don Juan
que todos los oficios sabe,
menos el de lavar tinajas,
que con los cuernos no cabe [20].

Mi marido es un don Juan,
todos los oficios sabe,
no siendo lavar tinajas,
que con los cuernos no cabe [21].

Mi marido es un Juan Juan,
le hago la cama y le acuesto,
y yo me voy con el cura
a coger flores al huerto [22].

Mi marido es un don Juan,
le hago la cama y le acuesto,
y yo me voy con el cura
a cortar peras al huerto [23].

Te abandona tu mujer
siempre que le vienen ganas ;
estás tan ciego, Manuel,
que pareces un Juan Lanas [24].

Todos los Juanes me dicen :
─¿Por qué no te casas, Juan ?
─Las que me dan no me gustan,
las que quiero no me dan [25].

Todas las gentes me dicen :
─¿Cómo no te casas, Juan ?
─Las que me dan no las quiero,
las que quiero no me dan [26].

─¿Por qué no te casas, Pedro ?
¿Por qué no te casas, Juan ?
─Porque las que me dan no quiero
y las que quiero no me dan [27].

─¿Por qué no te casas, Pedro ?
¿Por qué no te casas, Xoan ?
─As que me dan non as quero,
ias que eu quero non mas dan [28].

A mí me llaman Juan de Dios,
Juan el de la poca fortuna,
que todos tienen sus novias
y yo no tengo ninguna [29].

Hermanito mío Juan,
no bebas agua de noria,
que te pones amarillo
y no te quiere la novia.

Por un Juan diera un ochavo,
por un Francisco un doblón,
y por un Antonio diera
alma, vida y corazón.

Para todos los Juanes
tengo yo silla,
con candela debajo,
pólvora encima.

Matita de albahaca
son los Antonios,
los Franciscos son necios,
los Juanes bobos [30].

Chalados son los Pepes,
los Juanes tontos,
macetas de claveles
son los Antonios.

Vayan todos los Juanes
el río abajo,
y si quedara alguno,
vaya estropajo [31].

Juan se llama mi amante,
nombre de bobo ;
yo me llamo María,
lo tapo todo,
porque en la guerra
el nombre de María
pone bandera [32].

Merece la pena hacer un alto aquí para señalar que los Juanes bobos y mansos no asoman solo en la tradición lírica popular en castellano. En la asturiana, sin ir más lejos, resultan también harto familiares :

A muyer de Xan do Rato
non ten falda na camisa,
e o Rato cando se deita
non se pode ter de risa.

El mio Xuan cuando morrió
enterrélo en el parreiro,
dejele una mano fuera
pa que tocara el pandeiro

El mio Xuan cuando morrió
enterrelo na ceniza,
púseme a llorar por él
y hube reventar de risa [33].

Mio marido es un bon Xuan,
faigo la cama y me acuesto
ya you voume con quien quiero
a coyer flores del güertu [34].

Tampoco faltan los Juanes bobos en la tradición lírica popular de Galicia, donde, por cierto, si hacemos caso del diccionario de la Academia gallega, el antropónimo Xan designa al « home de pouco carácter e de pouca personalidade, que se deixa dominar por calquera. É un xan e vai facer o que lle digan » :

Cando un pucheiro se creba,
mércase n-a feira outro ;
ó meu Xan xa vos vai canso,
xa necesito home novo.

A muller de Xan Guindan
é mais outra banduleira
tiraron á Xan Guindan
de fuciños n-a lareira.

Enderéitate, Xaniño,
que teu pai te quêr casar ;
tan dereitiño te poñas
com’ô fuso d’ó lagar.

Cásate, Xán, en domingo :
estarás lunes de boda
é martes traballarás
pra manter á tua nóvia.

Xaniño, Xan de Varela,
para que quêres á cama
sinon has de dormir n’ela [35].

Muito madruga
Xan da Guedella,
muito madruga
e tarde aparella.

Xaniño, Xaniño Xan,
as que che dan non as queres
i as que queres non chas dan.

— ¿Cómo non te casas, Pedro ?,
¿cómo non te casas, Xan ?

— Porque as feas non as quero
i as goapas non mas dan.

¡Ai !, meu Xan da ialma,
ti non fagas caso,
nin salias do paso
polo que dirán.

Vaite dahi, meu Xan ;
xa te podes marchar,
outro pro teu sito
non me ha de faltar [36].

En la tradición oral de Cataluña y de Mallorca han quedado también muy bien atestiguados los Juanes bobos y mansos :

En Joanet de Santa Anna,
que fa de picapedrer,
atlotes, mirau-lo be,
que duu calgons d’endiana.

Joan si t’ets de Hogar
jo te prendré per missatge,
te daré herba i ferratge
com a s’altre bestiar [37].

En Joan caçava mosques
amb un manat de bastons.
Que me caiguin es coions
si no vos barrín a totes !

Joan de Son Muntaner,
quan ‘nares a jugar a fava,
amb una má l’hi posava
i amb s’altra má li mirava
si tenia bon braguer [38].

De sensacional puede ser calificada esta canción narrativa que ha sido registrada a una persona de San Juan de la Nava (Ávila) en 2008, y que nos deja seguir las malandanzas de un Juan Lanas absolutamente carnavalesco, vejado cruelmente por su mujer y zaherido oprobiosamente por sus conciudadanos :

Una noche oscura y fría
que diluviaba la mar,
venía [el pobre] Juan Lanas
del campo, de trabajar.

Venía el hombre cansado
y calado hasta los huesos,
deseando de llegar,
la cual venía muy hambriento.

Llegó a su casa, y ¡qué horror !,
halló la luz apagada ;
y sin lumbre en el fogón,
ni ve el aceite ni nada.

Y encuentra a su esposa,
en la cama, tumbada y llorosa :
Y la dice : –Mujer, ¿qué te pasa ?
¿Por qué te quejas con pesadumbre ?
Levanta al punto,
enciende la luz y la lumbre.

Prepara la cena al istante,
que vengo cansado,
y traigo más hambre
que un pobre cesante.

Y la mujer del pobre Juan,
cuando esto le oyó decir,
dijo : –Cesa tu afán,
que creo voy a parir.

Vete a llamar a mi madre,
avisa a la comadrona ;
dilas que vengan a escape
porque el parto no es de broma.

De paso te traes aceite,
antes llama a las vecinas ;
dilas lo que me sucede,
mata también tres gallinas.

Y en esa botella
me traes un cuartillo
de aquel vino
del tío Cualantrillo.

No se te olvide comprarme
la carne, los garbanzos y el tocino,
y una libra de buen chocolate
de los Agustinos.

Y no se te olvide comprarme
bizcochos bañados.
Juan, mira que te los den
bien pesados.

Y una vez Juan en la calle,
con mucha resignación,
se pone a comprar las cosas
que su mujer le encargó.

Y más ligero que el viento,
de un lado al otro corría,
y a cada resbalón que daba,
allá en un charco caía.

Con unos tropezaba,
otros le daban tropellones,
y llenos de lodo y barro
llevaba los pantalones.

Le ladraban los perros
los chicos le tocaban cencerros,
le insultaban las viejas,
de un tejao le cayeron dos tejas.

Y el pobre Juan corría
calles y plazas bufando,
y por la boca echaba
sapos y demonios que salían jurando.

Y a cada momento
se le oía exclamar :
–¡Vaya nochecita
para descansar !

Pero, ya todas sus compras hechas
y otras, Juan vuelve a su hogar ;
y llega a su casa,
y pone un puchero a calentar.

Macha un ajo,
parte el pan en rebanadas ;
y cuando todo prepara,
se oye una voz que dice la comadrona :

–¡Venga ! ¡Ni un minuto,
por Dios, se detenga !
¡Y coja a su esposa,
que la pobre se pone angustiosa !

Y cuando éste la tiene en sus brazos,
esto le oyó decir :
–Juan, Juan, de esto tú tienes la culpa,
que yo tenga que parir.

Pero dice la comadrona :
–Pero, ¡mira !, ¡ya está aquí !
¡Mira qué niña tan guapa !
¡Si es tan gorda como un toro,
y se parece a su padre
en cuerpo, cabeza y todo !
¡Dale que beba
y que sople la aceitera !

Entonces, ya, Juan, las sopas frías
fue y se las comió ;
y a las tres de la mañana,
para el campo se marchó.

Y a cada momento
se le oía exclamar :
–¡Vaya nochecita
para descansar !
Me he pasado la noch
de acá para’llá,
con tormento
y con fatiga.
Y luego hay un refrán que dice :
Mala noche y parir hija [39].

Otras composiciones que merecen capítulos aparte dentro de nuestro repertorio son las que se refieren a Juanas en vez de a Juanes :

Todas las Juanas son tontas,
yo que lo digo lo sé,
que tuve una novia Juana
y por tonta la espaché [40].

O las que ensalzan y glorifican, muy a contracorriente de todos los versos que hemos ido conociendo, a los Juanes :

Juanito, Juan de los Juanes,
dónde estuviste ayer,
que mis ojos te buscaron
y no te pudieron ver

Dicen que todos los Juanes
se parecen al demonio,
y yo tengo un novio Juan
que parece un San Antonio [41].

Juan, Juanillo, Juan,
Juan, cara de luna,
que te tengo voluntad
desde pequeña en la cuna [42].

Por haber, hay hasta Juanes líricos que aparecen caracterizados como exageradamente dotados en el plano sexual :

Ande usted, si conoce usted
a don Juan el de la alameda,
que lleva un campanillón
con pelos de hurón
qu’ al culo le llega
de largos que son [43].

Claro que se trata de Juanes que, aunque parezca que tienen unas dotes sexuales innatas, suelen quedar al final fatalmente caracterizados como necios. Compruébese a la luz de esta versión extremeña del romance de El vendedor de nabos :

Quien quiera saber quién soy y saber cómo me llamo,
me llaman Juan de la Huerta, mi oficio es arrancar nabos.
Y, como soy complaciente, a todos regalo nabos.
Las mozas que van por coles todas me piden los nabos,
a las que son medianitas se los doy de los medianos,
y a las que son de mi gusto se los doy de los más largos.
Aparejé mi borrico y me fui para el mercado.
En el medio del camino me robaron los gitanos,
me robaron el borrico, tan solo el nabo quedaron [44].

Un último Juan carnavalesco, otra vez sexualmente superdotado, y protagonista en esta ocasión de un cuento en prosa y no de una composición en verso, nos servirá para poner fin al apretado álbum de Juanes que ha ido pasando ante nuestros ojos. Así es como se le recuerda en el pueblo murciano de Perín :

El instrumento de Juan García.
Esto es uno que se murió y le tenía dicho a la mujer, porque tocaba un pito, un saxofón d’esos, y le dijo que cuando se muriera que se lo echara en la caja. Y ella vino y se lo puso en medio de las piernas ; y la mujer había muerto un conejo pa hacer de comer, y como se había muerto su marido pos ya el conejo se lo dejó arreglao y no pudo acabar de cocinarlo. Y ella en su llanto decía :µ
─¡Ay qué lastima de mi Juan Garsía,
que en medio las piernas se lleva
lo que a mí me divertía !

Y era el pito que llevaba. Dise :

─¡Y lo que más siento es que m´a dejao el conejo abierto !
El conejo que había muerto p´hacer de comer. Y ella tenía una bota, se la puso en medio de las piernas, y de vez en cuando se agachaba y repetía :
─¡Y estos tragos son pa mí !
Y ella le apretaba a la bota y le iba el vino a la boca [45].

Tragicomedia difícilmente superable sin duda, la de este Juan García muerto y enterrado, pero que se hace añorar y es capaz de hacernos reír hasta desde la tumba.
Muchos más Juanes, la mayoría de ellos necios y cornudos, aunque alguno también memorablemente sexuado, podrían seguir ingresando en este breve museo que hemos dedicado a un personaje que lleva muchos siglos instalado, y con rasgos y connotaciones muy persistentes, en el imaginario colectivo hispánico. En alguna ocasión en que volvamos sobre sus pasos intentaremos explorar su asociación a tradicionales ritos carnavalescos ─parateatrales por tanto─, desde los que daría el salto, en los Siglos de Oro, al entremés y a la comedia, que tan llenos estuvieron de Juanes que anduvieron cargando la losa de su desdicha al tiempo que provocando risas seguras entre un público que en cuanto escuchaba su nombre se imaginaba ya necedades, impotencias y cuernos.

Mientras, los Juanes que hemos ido conociendo, escogidos dentro del fecundo ramillete de la tradición oral moderna, arrojan no poca luz, aunque sea retrospectiva, y nos permiten afianzar nuestro conocimiento de un muy viejo tópico cultural que se ha manifestado durante siglos en (o entre) los territorios de la oralidad y de la escritura, de las épocas y geografías literarias más diversas, y de géneros literarios que a veces han sido serios, otras veces cómicos y en más de una ocasión se han quedado en el terreno ambiguo y conflictivo de lo tragicómico.

Notes

[1Este artículo se publica dentro del marco de la realización del proyecto de I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación titulado Historia de la métrica medieval castellana (FFI2009-09300), dirigido por el profesor Fernando Gómez Redondo, y del proyecto Creación y desarrollo de una plataforma multimedia para la investigación en Cervantes y su época (FFI2009-11483), dirigido por el profesor Carlos Alvar. También como actividad del Grupo de Investigación Seminario de Filología Medieval y Renacentista de la Universidad de Alcalá (CCG06-UAH/HUM-0680). Agradezco sus consejos y orientaciones a José Luis Garrosa y Anselmo Sánchez Ferra.

[2El libro fue publicado en 2000 por la Universidad de Salamanca.

[3Fernando de Rojas, La Celestina, ed. Dorothy S. Severin, Madrid, Cátedra, 1998, p. 150. Véase sobre estas palabras en concreto José Luis Alonso-Hernández, « Algunas claves para el reconocimiento y la función del símbolo en los textos literarios y folklóricos », in idem (ed.) Teorías semiológicas aplicadas a textos españoles (Actas del 1er Symposium Internacional del Departamento de Español de la Universidad de Groningen. 21, 22 y 23 de Mayo de 1979), Groningen, Universidad, 1980, p. 180.

[4Margit Frenk, Nuevo corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos xv a xvii), México D. F., Fondo de Cultura Económica, 2003, núm. 1993.

[5Arcadio de Larrea Palacín, Canciones rituales hispanojudías, 3 vols., Madrid, CSIC, 1952-1954, II, p. 286-287.

[6Al respecto véanse los artículos de Claude Allaigre, « Mucho va de Pedro a Pedro (aspects idéologiques et personnages exemplaires du Viaje de Turquía) », in Bulletin Hispanique, 90, 1988, p. 91-118 ; Margit Frenk, « Mucho va de Pedro a Pedro (polisemia de un personaje proverbial) », in Elisabeth Luna Traill (coord.), Scripta Philologica in honorem Juan M. Lope Blanch, 3 vols., México, Universidad Autónoma Nacional, 1992, III, p. 203-220, reditado en Poesía popular hispánica : 44 estudios, México D. F., Fondo de Cultura Económica, 2006, p. 568-587 ; y José Manuel Pedrosa, « Rey Fernando, rey don Sancho, Pero Pando, Padre Pando, Pero Palo, Fray Príapo, Fray Pedro : metamorfosis de un canto de disparates (siglos xiii-xx) », in Bulletin Hispanique, 98, 1996, p. 5-27. Y también los de José Manuel González y Fernández Valles, « Pedro, nombre de seres personificados, imaginarios y sobrenaturales », in Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, XXXIII, 1977, p. 143-150 ; Julio Caro Baroja, « Sobre nombres propios imaginarios que expresan acción, situación o pensamiento », in Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, XLVII, 1992, p. 359-363 ; Montserrat Amores García, « Del folclor a la Literatura : Vida de Pedro Saputo », in Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, XLVIII, 1993, p. 103-123 ; y Jean Canavaggio, « Pedro de Urdemalas, montañés famoso », in Anales cervantinos, XXV-XXVI, 1987-1988, p. 117-119.

[7Tomás Segarra, Poesías populares, Leipzig, Brockhaus, 1862, p. 174.

[8Francisco Rodríguez Marín, Cantos populares españoles, Sevilla, Francisco Álvarez y Cía, 1882-1883, núm. 7335.

[9Fue publicado en Pedro M. Piñero (ed.), De la canción de amor medieval a las soleares. Profesor Manuel Alvar « in memoriam », Sevilla, Universidad, 2004, p. 15-40.

[10Tomo el romance y el comentario de Diego Catalán, « Juan Lorenzo, cuernos de oro », núm. 64 del blog consultado en abril de 2012 : http://cuestadelzarzal.blogia.com/2007/112301-juan-lorenzo-cuernos-de-oro.php.

[11Luis Domingo Delgado, « Las pullas », in Revista de Folklore, 62, 1986, p. 53.

[12José Pedro López Sánchez, Las coplas de bamba. Fiesta y canción, Bollullos de la Mitación, Sociedad de Desarrollo Local, 2003, núm. 294.

[13Mar Jiménez Montalvo, La literatura oral de Terrinches : géneros, etnotextos, estudio, tesis doctoral, Alcalá de Henares, Universidad, 2006, p. 631.

[14Francisco Álvarez Curiel, Cancionero popular andaluz, Málaga, Arguval, 1991, p. 155.

[15José Puche Forte, Yecla : gentes, oficios, costumbres, Yecla, Excmo. Ayuntamiento, 1989, p. 145.

[16Asociación de Amigos de Gor [Granada] (Cancionero) :
http://www.asociacionamigosdegor.es/cancionero.htm#CANCIONERO

[17María Luz Escribano Pueo, t. Fuentes Vázquez, F. Morente Muñoz y A. Romero López, Cancionero granadino de tradición oral, Granada, Universidad, 1994, núms. 533-534.

[18José Jiménez Urbano, Cantares populares de Doña Mencía (Cancionero popular de un pueblo cordobés), Córdoba, edición del autor, 1990, p. 120.

[19Claudia de los Santos, Luis Domingo Delgado e Ignacio Sanz, Folklore segoviano III, La jota, Segovia, Caja de Ahorros y Monte de Piedad, 1988, p. 142.

[20Luis Cortés Vázquez, Refranero geográfico zamorano, Zamora, Diputación-CSIC-Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo, 1995, p. 187.

[21Miguel Manzano, Cancionero de folklore musical zamorano, Madrid, Alpuerto, 1982, núm. 466.

[22Mar Jiménez Montalvo, La literatura oral de Terrinches, p. 617.

[23Claudia de los Santos, Luis Domingo Delgado e Ignacio Sanz, Folklore segoviano, op. cit., p. 81.

[24Manuel Bravo, Cantares de candil, Las Palmas de Gran Canaria, Cíclope, 2007, p. 128.

[25Álvaro Hernández Díaz, Canturías. Flor nueva de cuentos y cantares viejos, La Orotava, Ayuntamiento de La Orotava-Centro de la Cultura Popular Canaria, 2005, p. 141.

[26Sixto Córdova y Oña, Cancionero popular de la provincia de Santander, 4 vols., Santander, Aldús, 1948-1949 ; reed. G. de Córdova, 1980, III, p. 346.

[27Juan Carlos Martínez Fernández y Elena González-Blanco García, Formas de vida cultural y tradición oral en la cabecera riojana del Cidacos, recogidas desde El Villar de Poyales, en prensa.

[28Alicia Fonteboa, Literatura de tradición oral en El Bierzo, León, Diputación de León, 1992, p. 211 y 65.

[29Álvaro Hernández Díaz, Canturías, op. cit., p. 142.

[30José Calvo González, Colección Belmonte de cantes populares y flamencos, Huelva, Diputación Provincial, 1998, p. 301, 424, 411 y 357.

[31María Luz Escribano Pueo, t. Fuentes Vázquez, F. Morente Muñoz y A. Romero López, Cancionero granadino, Granada, Universidad, 1994, núms. 50 y 548.

[32José Calvo González, Colección Belmonte, op. cit., p. 309-310.

[33Jesús Suárez López, Cancionero secreto de Asturias, Gijón, Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular, 2005, núms. 649, 573 y 575. Véase también el núm. 574 :
A miña muller murréumi,
ya entirreila nu payeiru
os mios fillos a churar,
you a tucar lu pandeiru.

[34Jesús Suárez López, Cancionero secreto de Asturias, op. cit. núm. 474.

[35José Casal Lois, Colección de cantares gallegos, ed. Domingo Blanco, Santiago de Compostela, Consello da Cultura Galega-Museo de Pontevedra, 2000, p. 202, 222, 235, 334 y 323.

[36Isaac Rielo Carballo, Cancioneiro da Terra Cha (Pol), A Coruña, Ediciós do Castro, 1980, núms. 54, 280, 281, 39 y 436.

[37Joan Amades, Folklore de Catalunya, 3 vols., reed. Barcelona, Selecta, 1982, II Cançoner, núms. 3530 y 4628.

[38Gabriel Janer Manila, Sexe i cultura a Mallorca : el cançoner, Mallorca, Moll, 1988, p. 136 y 145.

[39El informante fue Marcelino Garrido Ajates, de San Juan de la Nava, en la provincia de Ávila, quien aprendió esta larga narración en verso a la edad de once años en la Dehesa del Cerezo, situada en el término de Tornadizos (Ávila). La versión fue registrada por su nieto Luis Miguel Gómez Garrido, quien amablemente me la ha cedido, el 26 de mayo de 2008.

[40Francisco Álvarez Curiel, Cancionero popular andaluz, op. cit., p. 150.

[41Francisco Álvarez Curiel, Cancionero popular andaluz, op. cit., p. 152-153.

[42María Luz Escribano Pueo, t. Fuentes Vázquez, F. Morente Muñoz y A. Romero López, Cancionero granadino, núm. 136.

[43Manuel García Matos, Cancionero popular de la provincia de Madrid, 3 vols., eds. Marius Schneider, José Romeu Figueras y Juan Tomás Parés, Barcelona-Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1951-1960, Vol. II, Parte Literaria, p. 194, núm. 377. Hay versiones parecidas en el vol. II, Parte Literaria, p. 195, núm. 382 ; y en el vol. III, Parte musical, p. 86-87, núm. 741.

[44Francisca García Redondo, Cancionero arroyano, Cáceres, Institución Cultural El Brocense, 1985, p. 70. Véase, sobre este romance, sus versiones y su simbolismo, José Manuel Pedrosa, « El epitalamio sefardí de La cena de nabos : metáfora y erotismo », in Elena Romero (ed.) Estudios sefardíes dedicados a la memoria de Iacob M. Hassá (z’’l), CSIC-Fundación San Millán de la Cogolla-Asociación de Amigos del Museo Sefardí de Toledo-Centro Naime y Yehoshua Salti, 2011, p. 387-417.

[45Versión que me ha sido amablemente facilitada por Anselmo Sánchez Ferra, quien está a punto de publicarla dentro de una magna colección de cuentos tradicionales murcianos que verá la luz en la Revista Murciana de Antropología, núm. 649b.


Pour citer l'article:

José Manuel PEDROSA, « De Juan Lorenzo a Juan Lanas : Juanes y cuernos trágicos, cómicos y folclóricos » in Tragique et comique liés, dans le théâtre, de l’Antiquité à nos jours (du texte à la mise en scène), Actes du colloque organisé à l’Université de Rouen en avril 2012 : publication par Milagros Torres (ÉRIAC) et Ariane Ferry (CÉRÉdI) avec la collaboration de Sofía Moncó Taracena et Daniel Lecler.
(c) Publications numériques du CÉRÉdI, "Actes de colloques et journées d'étude (ISSN 1775-4054)", n° 7, 2012.

URL: http://ceredi.labos.univ-rouen.fr/public/?de-juan-lorenzo-a-juan-lanas.html

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